Santa degeneración

Les recomiendo se lean el siguiente artículo pues aparte de ameno es instructivo;

La degeneración industrial (The Oil Crash).

Una vez leído, surge una pregunta, ¿la clave del progreso, prosperidad y quizás felicidad, se encuentra entonces en conseguir aportar a la sociedad aquellas cosas que se comentan en el último párrafo?.

Les dejo con Thomas Sowell

“Ultimately it is only wealth that can reduce poverty”
(En último término solo la riqueza puede reducir la pobreza)

 Feliz semana “santa”.

Preparando el lugar

Fuente: Nature Bats Last

Traducción: Google

Hay varias formas para preparar uno mismo para el viaje por la curva del pico del petróleo, así como para el caos climático. Lo más importante es, como he indicado muchas veces, es la preparación psicológica. Si usted está mentalmente preparado para un futuro radicalmente diferente del pasado que he conocido, que está en el buen camino para prosperar en los próximos años.

Además, como he indicado muchas veces, hay un par de enfoques generales se puede seguir por la senda del cambio climático y el colapso simultáneo de la economía industrial y el planeta vivo. Usted puede salir a la carretera, o se puede mitigar en su lugar. De cualquier manera, usted tendrá que proporcionar agua potable y la comida sana, mantener la temperatura corporal, y crear y mantener una comunidad humana digna.

Recomiendo una vida de viajes para la mayoría de la gente, aunque me he tomado un camino distinto por razones personales. De cualquier manera, una vida llena de aventuras espera. En el camino, usted necesitará ingenio rápido, buenas relaciones interpersonales, y cantidades asombrosas de la creatividad, la compasión y el coraje. Lo mismo vale para la mitigación en el lugar. En este post, voy a abordar las principales preocupaciones relacionadas con la mitigación en el lugar, con un enfoque particular en mí y en la choza de barro (mi tema favorito y mi lugar favorito, respectivamente).

Si usted es quedarse donde está, le sugiero que preste atención a las 3 Rs en el futuro. No, los docentes de los años pasados. Y es demasiado tarde para las tres R objetivo la reducción del consumo en un país se basan en el consumo, dos de los cuales hemos dejado de lado porque no hay ningún beneficio económico en la reducción y la reutilización. Reciclaje – la única de estas tres acciones relevantes Amerika fascista promueve – es como una disculpa después de un golpe en la cara (de crédito Mike Sliwa ). Nosotros golpe del planeta en la cara con todos los actos culturales, a continuación, le pedimos disculpas por la clasificación de plástico y de aluminio en contenedores separados.

Las tres erres de interés en este puesto son la relocalización, la resiliencia y redundancia. Vamos camino a un futuro muy limitada con respecto al transporte de materiales y humanos. Los días de la cadena de suministro de 12.000 millas son casi detrás de nosotros. Olvídate de basura de plástico baratas procedentes de China, relojes caros de Suiza, y herramientas de mano decente en el catálogo de Sears Roebuck: Vamos a tener que ver con lo que tenemos en la misma zona local. Antes de los saltos de la cadena de suministro, se debe trabajar hacia la construcción de un conjunto resistente de los arreglos de vivienda llena de redundancia. Después se rompe la cadena de suministro, que va a ser un poco tarde para empezar a cavar un pozo y aprender a cultivar alimentos.

Aquí, en la choza de barro, que prestar seria atención a las múltiples fuentes de agua (dos bombas solares, bombas manuales, recogida de aguas pluviales a partir de dos techos, y la cercanía del río), alimentos (wildcrafting, huerto, jardines, las cabras para la leche y el queso, los huevos de patos y pollos, y en el futuro, la caza de animales relativamente grandes de cuerpo), la temperatura corporal (bien aislado, pasivo-casa solar, toldos varios, ropa adecuada, y la abundancia de agua y leña), y la comunidad humana (abundancia en este categoría superior a la paciencia de explicar de nuevo, pero la búsqueda en los archivos de algunas pistas). No tengo dudas de que nos estamos perdiendo algunas cosas que facilitarán la vida en nuestro post-carbono en el futuro. Algunos de estos artículos siguen siendo desconocidos, incluso para nosotros, hasta que sea demasiado tarde. Yo ya estoy perdido algunas cosas, incluso antes de la gran caída inminente conduce a “apagar las luces.” (Como Dmitry Orlov inusualmente sugiere , el día se acerca. Como “Tyler Durden” característica sugiere , el día está lo suficientemente cerca como para ser visto por un ciego.) Y como he mencionado unos pocos cientos de veces, las nubes las emisiones de gases de efecto invernadero , junto con la destrucción total del planeta viviente, sellarán nuestro destino como una especie de accidente, a menos que este barco de lujo, y pronto.

Sé que usted ha leído esto antes, pero me encantaría tener un solar de hacer hielo para enfriar las bebidas y nuestros cuerpos. Pero si la economía industrial llega a su fin atrasados ​​dentro de un par de semanas, no lo haré. Y sospecho que vamos a salir del paso, hasta que no lo hacen. Me encantaría tener más tiempo para convencer a mi comunidad humana para subir a bordo del tren colapso. Pero si la economía industrial llega a su fin atrasados ​​dentro de un par de semanas, no lo haré. Y sospecho que vamos a salir del paso, hasta que no lo hacen. Me gustaría hacer unos cuantos más viajes para discutir la naturaleza grave de nuestros problemas con personas que son conscientes e interesados. Pero si la economía industrial llega a su fin atrasados ​​dentro de un par de semanas, no lo haré. Y sospecho que voy a salir del paso, aunque echaré de menos los viajes tentativamente programado para Australia, Nueva Zelanda, Escocia, Nueva Inglaterra, y varios lugares más cerca de la choza de barro.

Más cerca de casa, y más cerca de mi corazón, me encantaría tener tiempo para mis padres – y los miles de inmigrantes de invierno otra descendente en esta área – para hacer el viaje de regreso a sus hogares del norte. Pero si la economía industrial llega a su fin atrasados ​​dentro de un par de semanas, o incluso dentro de unos meses, no lo harán. Y no tengo idea de cómo vamos a salir del paso.

En igualdad de condiciones, prefiero tener la máquina de hielo solar en una comunidad totalmente de a bordo con el colapso. En igualdad de condiciones, prefiero hacer una multitud de excursiones a lugares exóticos. En igualdad de condiciones, prefiero que mis padres colapso de experiencia en su propia casa. Pero todas las cosas no son iguales y, más que todas estas cosas, yo prefiero tener un planeta marcado por la abundancia mucho más y la extinción de un número mucho menor de lo que estamos presenciando.

La barrera de Hubbert

Fuente traducida: Crashoil

Fuente original: Cassandra´s Legacy

Cuando empecé a leer libros de astronomía, en los años 70, nadie sabía si existían planetas alrededor de otras estrellas, y la opinión más común es que eran muy raros. Por supuesto, esto contrastaba con la temática habitual de la ciencia ficción de aquella época, de la cual también era un ávido lector. La idea de que los sistemas planetarios eran comunes en la galaxia era mucho más fascinante que la idea “oficial” pero, en aquel tiempo, parecía pura fantasía. Pero resulta que la ciencia ficción tenía completamente la razón, al menos en este punto. Estamos descubriendo cientos de planetas orbitando alrededor de las estrellas y las últimas noticias son que una de cada tres estrellas de tipo solpodría tener un planeta como la Tierra en la zona habitable. ¡Fantástico!

Las medidas que nos indican la existencia de planetas extra-solares no pueden decirnos nada sobre civilizaciones extra-solares, otro tema típico de la ciencia ficción. Pero, si los planetas del tipo Tierra son frecuentes en la galaxia, entonces la vida orgánica basada en el carbono debería ser también frecuente. Y si la vida es habitual, la vida inteligente no debería ser tan rara. Y si la vida inteligente no es inhabitual, entonces deberían existir civilizaciones alienígenas ahí fuera. Con 100.000 millones de estrellas en nuestra galaxia, podríamos pensar que en este punto la ciencia ficción podría tener razón también. ¿Podría ser que la galaxia estuviera poblada con civilizaciones alienígenas?
Aquí, sin embargo, tenemos un problema bien conocido llamado la “Paradoja de Fermi”. Si todas esas civilizaciones existen, ¿no podrían desarrollar el viaje interestelar? Y, en ese caso, si hay tantas, ¿por qué no están aquí? Por supuesto, como todos sabemos la velocidad de la luz es una barrera infranqueable. Pero, incluso a velocidades menores que las de la luz, nada físico impide que una nave espacial pueda cruzar la galaxia de una punta a la otra en un millón de años o quizá en menos tiempo. Ya que nuestra galaxia tiene más de 10.000 millones de años de antigüedad, alienígenas inteligentes habrían tenido mucho tiempo para explorar y colonizar cada estrella de la galaxia, saltando de una en otra. Pero no vemos alienígenas por aquí y ésta es la paradoja. La consecuencia parece ser que somos los únicos seres conscientes de la galaxia, quizá de todo el universo. Así, volvemos a los viejos modelos del sistema solar que nos decían que somos excepcionales. Entonces era  porque nos decían que los planetas son raros, y ahora porque quizá las civilizaciones son raras. Pero, ¿por qué?
En este punto deberíamos echar un nuevo vistazo a algunas de las hipótesis implícitas en la paradoja de Fermi. La más básica es que existen civilizaciones inteligentes, por supuesto, pero hay otra que dice que las civilizaciones se mueven sobre una línea de expasión progresiva que las lleva hacia el control de cantidades cada vez mayores de energía. Si uno se para a pensar sobre eso, esta hipótesis es el típico resultado de la manera de pensar en los años 50, cuando la “era atómica” acababa de empezar y la gente veía como una cosa obvia que saltaríamos de una fuente de energía a otra. Abandonaríamos los combustibles fósiles para ir a la fisión nuclear. De aquí, nos iríamos a la energía de fusión nuclear, y de ahí a vete a saber qué. Esta progresión es fundamental para que la paradoja de Fermi tenga sentido: por supuesto que se necesita un montón de energía para embarcarse en una tarea tan titánica como la exploración y colonización interestelar. Una estimación de la mínima potencia requerida es de alrededor de 1000 teravatios (TW). Esa cifra es sólo una especulación, pero tiene cierta lógica. La potencia total consumida hoy en día en nuestro planeta es del orden de 15 TW, y lo máximo que podemos hacer es explorar los planetas de nuestro sistema, y eso sólo de manera bastante esporádica.
Así pues, la paradoja de Fermi requiere que cualquier civilización alienígena siga más o menos la misma ruta que se veía delante de nosotros en los años 50. Los extraterrestres empezarían con combustibles fósiles, y después de moverían a diversas formas de energía nuclear. Hasta cierto punto, no es un mal modelo. Es probable que los planetas extrasolares de tipo Tierra o super-Tierra tengan una tectónica de placas activa y, si desarrollan la vida, esto llevaría a la formación de combustibles fósiles como resultado de la sedimentación y enterramiento de materia orgánica. Por tanto, podríamos suponer que los alienígenas inteligentes procederían de acuerdo con principios económicos semejantes a los que gobiernan nuestro propio comportamiento, esto es, tenderían a usar los recursos con mayor contenido energético y por tanto usarían los combustibles fósiles como iniciadores de sus civilizaciones industriales.
Los combustibles fósiles, sin embargo, son una fuente de energía demasiado débil y demasiado contaminante para usarlos en el viaje interestelar. Un planeta extrasolar podría estar mejor provisto que el nuestro, pero eso no ayudaría gran cosa. Los límites de nuestros alienígenas serían los mismos que los nuestros: o el agotamiento de los recursos o la saturación de su atmósfera con gases de efecto invernadero (o quizá ambas cosas). Pero el límite  de los combustibles fósiles es más sutil que eso y está relacionado con el modelo de Hubbert que nos dice que el patrón de producción de energía de un recurso no renovable es altamente no lineal y sigue una curva con forma de campana.

El modelo se basa en el concepto de que la producción de energía depende de la cantidad de energía neta del recurso (medida por la Tasa de Retorno Energética, TRE). Cuanto más alta es la TRE más rápido se explota el recurso. Como los mejores recursos (aquéllos con más alta TRE) se explotan primero, la TRE decae con el tiempo y eventualmente afecta a nuestra capacidad para extraer más recursos. La producción alcanza un máximo, un pico, y luego decae. El resultado es la típica curva en forma de campana de Hubbert. Si, adicionalmente, el recurso explotado produce una contaminación significativa, el declive será habitualmente más rápido que el crecimiento, por lo que la curva será asimétrica y más abrupta por la derecha (esto es lo que yo he denominado el “efecto Séneca“). La curva es de aplicación general para todos los recursos no renovables, aunque se aplica habitualmente para los combustibles fósiles.

Tim O’Reilly fue probablemente el primero en hacer notar, en 2008, que la curva de Hubbert podría tener importancia para explicar la paradoja de Fermi. Debido a la no linealidad de la curva, independientemente de los recursos empleados, una civilización literalmente explotaría y después se hundiría, siendo capaz de mantener el más alto nivel de producción energética sólo durante un corto período de tiempo. Este fenómeno, al que podríamos llamar “la barrera de Hubbert”, podría ser muy general y hacer que las civilizaciones industriales de la galaxia sean de vida muy corta. El declive asociado con el agotamiento de los recursos y con la contaminación podrían llevar rápidamente una civilización a la edad de piedra, desde la cual no sería capaz nunca más de una tecnología sofisticada. Eso es una barrera especialmente difícil de remontar si se produce un comportamiento tipo Séneca (que quizá podríamos denominar “la barrera de Séneca”). En cualquier caso, este efecto limita fuertemente el tiempo de vida de una civilización.

Fíjense cómo de diferente es este modelo de la visión que se tenían en los años 50. En los años 50 creíamos en la expansión continua de la producción de energía, y saltar de una fuente a otra se veía como un proceso suave. Pero el modelo de Hubbert nos dice que pasar a una nueva fuente de energía es, al contrario, sobrepasar una barrera dramática, lance en el que el éxito no está ni mucho menos garantizado. Puede perfectamente que nosotros ya hayamos fracasado en nuestro intento de saltar al “siguiente nivel”, visto como la fisión nuclear. Con el declive de la energía fósil, puede ser ya demasiado tarde para reunir suficientes recursos para invertirlos en energía nuclear. Algunos alienígenas inteligente podrían hacerlo mejor que nosotros a la hora de reunir esos recursos, pero la barrera de Hubbert continuaría siendo un grave problema. Uno de los problemas con la energía nuclear es que crea un tipo particularmente desastroso de contaminación: la guerra nuclear. La posibilidad de que las civilizaciones alienígenas se destruyan habitualmente a sí mismas cuando entran en la era atómica es algo que Isaac Asimov propuso en su cuento de 1957 “The Gentle Vultures.” Pero, supongamos que no pasa. ¿Puede la energía de fisión nuclear producir suficiente energía como para viajar a la estrellas? Lo más probable es que no.

El uranio y el torio, elementos físiles, son bastante raros en el Universo. Por lo que sabemos, se acumulan en niveles que pueden proporcionar una buena TRE sólo en planetas de tipo Tierra con una tectónica de placas activa. En cuerpos como la Luna o los asteroides, el uranio se encuentra en cantidades extremadamente minúsculas, del orden de partes por mil millones, y eso hace la extracción del mismo una tarea imposible. Es bastante poco probable que un planeta alienígena rocoso pudiera tener mucho más uranio del que tenemos en el nuestro. Así pues, hagamos un cálculo rápido. Hoy en día la fisión nuclear genera una potencia de 0,3 TW en nuestro planeta. Dijimos que para expandirnos por nuestra galaxia necesitábamos una potencia del orden de 1.000 TW. Eso es un objetivo bastante distante para nosotros, teniendo en cuenta que, con los limitados recursos de uranio disponibles, no estamos ni siquiera seguros de poder mantener en marcha la flota actual de reactores nucleares durante los próximos años. Podríamos expandir esos recursos a los isótopos no fisionables del uranio y del torio si fuéramos capaces de desarrollar reactores regeneradores. En ese caso, una estimación optimista dice que los recursos de uranio mineral podrían durar durante “30.000 años al ritmo de consumo actual”. Puede ser, pero si tuviéramos que alcanzar los 1,000 TW nos quedaríamos sin uranio en 10 años. Este número nos da una estimación grosera del período de tiempo en el que una civilización podría mantener una potencia lo suficientemente grande como para permitirse viajes interestelares: décadas o quizá siglos, pero no mucho más. Una tal civilización podría en principio generar un gran pico de energía pero luego tendría que declinar rápidamente a cero por falta de recursos de combustible. Es, de nuevo, la barrera de Hubbert en acción.

Y así llegamos a la fusión nuclear, la gran esperanza blanca de la Era Atómica. La fusión puede usar isótopos de hidrógeno y el hidrógeno es el material más abundante del Universo. La idea que era común en los años 50 es que con la fusión tendríamos que tener una cantidad de energía tan grande que sería “demasiado barata como para cobrarla”, tan abundante que podríamos tener fines de semana en la luna para toda la familia. Bueno, parece que las cosas eran mucho más difíciles de lo que parecían. Tras algo más de 50 años de experimentación, nunca hemos sido capaces de lograr más energía de un proceso de fusión de la que habíamos usado para generarlo. Incluso las “bombas de fusión” (bombas H) son en realidad bombas de fisión mejoradas con fusión. Puede que haya algún truco que no somos capaces de identificar ahora mismo que nos permita conseguir que la energía de fusión funcione; o puede que simplemente seamos más tontos que la civilización galáctica promedio. Podríamos también defender el punto de vista, sin embargo, de que simplemente no hay manera de obtener energía de fusión con ganancia de energía fuera de las propias estrellas. Por supuesto, no podemos estar seguros, pero la paradoja de Fermi podría estar diciéndonos en realidad: “Mirad, la fusión nuclear controlada NO es posible”.

Por supuesto que hay otras posibilidades que una civilización puede usar para desarrollar fuentes de energía muy poderosas. Por ejemplo, fíjense en los agujeros negros. Si puedes controlar un pequeño agujero negro, arrojar cualquier cosa dentro de él generará un montón de energía que podría ser usada para el viaje interestelar. Los agujeros negros son muy difíciles de controlar y una civilización que use esta tecnología tendría el problema de contaminación definitivo: la creación de un agujero negro tan grande que engulliría todo lo que hubiera a su alrededor, incluyendo la civilización que lo creó. En cualquier caso, incluso los agujeros negros están sometidos a la barrera de Hubbert, puesto que a medida que vas tirando materia en ellos te vas quedando gradualmente sin ella. Una civilización basada en agujeros negros explotaría muy rápidamente y luego desaparecería, dejando detás de sí nada más que agujeros negros.

Estamos claramente entrando en el terreno de la especulación, pero la cuestión que quería resaltar con este post es que el mecanismo de Hubbert genera una esperanza de vida corta para cualquier civilización basada en recursos no renovables. También genera problemas dramáticos cuando se ha de pasar de un recurso a otro. Si éste es un comportamiento general para las civilizaciones, entonces podría explicar la paradoja de Fermi. Los seres conscientes pueden ser frecuentes en nuestra galaxia, pero su existencia como sociedades industriales puede ser extremadamente breve. Por lo tanto, no deberíamos sorprendernos de que no nos encontremos naves especiales alienígenas por aquí. Quizá tendremos la suerte de recibir una señal de radio de una de esas civilizaciones, pero eso será como divisar otro barco cruzando el océano. Hay multitud de barcos cruzando el océano, pero si tomamos un momento y lugar concreto es poco probable que se vea ninguno por ahí.

Al final, la fuente de energía disponible para una civilización planetaria se limita a la que puede obtener de su sol. Lo que puede ser mucho: en la Tierra la cantidad total de energía que llega del Sol es de unos 100,000 TW; lo que puede aún aumentarse usando instalaciones en el espacio. Con eso, podría perfectamente ser posible llegar a los 1,000 TW que dijimos que eran necesarios para el viaje interestelar. Pero hemos llegado a un concepto complemente diferente del que es la base de la paradoja de Fermi: la idea, típica en los años 50, de que una civilización siempre se expande. Una civilización basada en una fuente inamovible de energía, una estrella, puede pensar y comportarse de un modo completamente diferente. Puede concentrarse en la explotación de la estrella (éste es el concepto de la “esfera de Dyson”) más que en la exploración interestelar.

A medida que nos alejamos de las cosas que nos son familiares, nos encontramos en terreno desconocido. ¿Cómo se manifestaría una tal civilización de alta energía? ¿Qué es lo que hay en el Universo que podemos definir como “natural” como contrario a lo “artificial”? La única cosa que podemos decir es que las estrellas son unos dispositivos maravillosos: estables, potentes, fiables y de larga duración. Si no fueran naturales alguien debería haberlas inventado… Pero, por supuesto, son naturales… sí… creo que lo son….

Por qué se despilfarra tanto

Fuente: The Oil Crash

Hay un tema que recurre en las últimas discusiones y tiene que ver con la posibilidad de mantener una sociedad estable y viable disminuyendo voluntariamente el consumo. Tal afirmación es innegablemente cierta: siempre digo que resulta ridículo hablar de escasez de energía cuando se están consumiendo en el mundo cada día 85 millones de barriles de petróleo de 159 litros cada uno de ellos; piénsenlo: son más de 156.000 litros por segundo en todo el planeta, y cada litro de ese elixir mágico contiene la misma energía que un hombre sano y fuerte (100 vatios de potencia media) podría producir trabajando sin parar durante casi 4 días y medio (durante unas 106 horas aproximadamente). En suma, el monstruoso flujo de energía sólo del petróleo en el planeta equivale diariamente al trabajo de 60 millardos de fornidos esclavos energéticos de los de a 100 vatios infatigables la unidad: ocho y medio por cada habitante de este planeta, y eso sólo de petróleo (dado que el consumo global de energía primaria es de unos 14 Tw la media mundial contando todas las fuentes es de 20 esclavos energéticos por persona; la media europea llega a 45 esclavos energéticos per cápita, mientras que en EE.UU. la media es de 120 esclavos por patrón humano). Juzguen Vds. ahora si se puede hablar de escasez con esos números, sobre todo teniendo en cuenta cómo se derrocha la energía.

Y sin embargo se está produciendo una situación de escasez. Esta escasez no es técnica, como tantas veces se ha discutido en el blog, ni es material (porque aunque en el futuro habrá menos energía se tiene tanta que podríamos pilotar un lento y suave descenso hasta llegar a un suelo firme renovable; con un consumo uno o dos órdenes de magnitud inferior al actual, eso sí). El problema de la escasez viene de que energía y economía están íntimamente ligadas, y pretender ver las dos variables separadamente, hasta el punto de intentar resolver los problemas de una independientemente de los de la otra, impide ver la profundidad del abismo al que como sociedad global (y no sólo occidental) estamos abocados.

En lo que sigue explicaré algunos conceptos que muestran hasta qué punto no podemos desligar energía de economía en nuestra sociedad, y cómo pretender resolver el problema energético sin antes cambiar el modelo económico está inevitablemente abocado al fracaso. No demostraré nada en concreto ni cuantificaré de manera precisa el balance energético-económico de las transacciones humanas descritas; sólo pretendo por la vía de algunos casos y ejemplos hacerles comprender cuán necesario es un tratamiento holístico de esta cuestión y cómo las típicas soluciones simples de ahorro y eficiencia que se proponen desde las tascas de nuestros pueblos hasta en las más altas magistraturas del Estado pecan de una cortedad de miras que las hace inútiles, cuando no contraproducentes, en la práctica.

Una primera cuestión a tener en cuenta, comentada frecuentemente en el ámbito del Peak Oil, es la paradoja de Jevons. Para los que no conozcan la historia: Willam Stanley Jevons, lord inglés que vivió hace cosa de dos siglos, observó que en el siglo XIX a medida que se introducían mejoras en las máquinas de vapor de modo que se aumentaba su eficiencia el consumo de carbón subía, en vez de la esperada disminución. La razón es que se produce lo que en economía se llama un efecto rebote: si disminuyes el coste de un producto (coste en dinero o en energía) sin modificar otros factores resulta que se está dando un incentivo para consumir más de ese producto si su mayor consumo nos reporta una ventaja, ya que con la misma renta disponible podremos consumir más; peor aún, quien antes no podía acceder a este consumo por tener una renta insuficiente ahora podrá hacerlo. Por supuesto que el efecto rebote no suele afectar a áreas donde no hay una ganancia real por el mayor consumo del producto (por ejemplo, no es cierto que si cambiamos las bombillas por unas de mayor eficiencia se esté dando pie per se a poner más bombillas; si se compran más es por otros motivos), pero sí que el rebote está presente y es muy determinante sobre todo en la adquisición de bienes de equipo destinados a la producción de bienes y servicios, es decir, a la actividad económica. Se ha de entender, por tanto, que el repetido llamamiento a la mejora de la eficiencia es contraproducente si no está acompañado de otras medidas, porque en vez de dar un estímulo a consumir menos da un estímulo a consumir más. Un ejemplo: si un coche gasta 20 l/100 Km y la gasolina está cara menos gente se comprará un coche, pero si el mismo coche, a precio semejante, gasta 5l/100 Km automáticamente una mayor cantidad de gente considerará que es una buena idea comprar el vehículo. La realidad está trufada de ejemplos similares, en los que las mejoras en la eficiencia en general (no sólo energética) y no sólo en el consumo de los aparatos sino de los medios de la producción ha disparado el consumo de muchos productos (¿quién se planteaba comprar un PC hace 30 años?). El problema es que las medidas que han de acompañar a la mejora en la eficiencia han de ser medidas de planificación, de racionamiento. El problema del racionamiento ya lo hemos comentado en estas páginas: si se intenta hacer compatible con una economía de mercado, o incluso en su ausencia, se origina un mercado negro que puede desestabilizar el sistema al favorecer el crecimiento de mafias que acaban fagocitando al Estado en los casos extremos. Con todo, ya saben que el Gobierno británico, que está prestando más atención que otros al problema del Peak Oil, ha considerado la posibilidad de implantar cartillas de racionamiento para la energía. Sea como fuera, la eficiencia sólo tiene sentido si se limita el acceso a las materias primas desde arriba, y eso casa mal con nuestra economía de libre mercado. Además, el aumento de la eficiencia implica una disminución del coste de producción (coste energético y también coste económico) con lo que el valor de lo producido en realidad no aumenta, el PIB es constante. Es decir, con una limitación de acceso a los recursos al mejorar la eficiencia se suministran más bienes y servicios pero simplemente porque el coste unitario (económico y de recursos) de los mismos disminuye. En esencia, una tal economía no crece. Y no crecer, ahora lo veremos, es veneno para  nuestro sistema económico.

Otra posibilidad que se suele comentar, y es a la que se ha abonado el comentarista Darío Duarte, es que con la adecuada concienciación social se puede ahorrar muchísimo y así postergar el colapso mientras la sociedad se adapta a una nueva realidad de recursos materiales más escasos. Todos somos conscientes de que en nuestra sociedad occidental se malgasta muchísimo. Tiramos comida en buen estado que sólo sirve para engordar las alimañas de los vertederos, gastamos agua a raudales sin ton ni son, cambiamos continuamente de ropa, de móvil, de coche… en España hubo una época no tan lejana en que casi se cambiaba de casa cada cierto tiempo. No necesitamos tanto, qué duda cabe. Posiblemente con la décima parte, incluso la centésima parte de eso podríamos tener una vida digna y funcionalmente muy parecida a la actual. Ahorraríamos los esenciales recursos y nos sería hasta asequible montar un sistema de energías renovables a esa escala, y en cuanto al resto de materias primas, añadido al descenso de consumo, su uso más racional y el reciclaje integral podríamos postergar los problemas de agotamiento varios milenios, mientras aprendemos a sintetizar materiales eficaces a través del carbono y de otros átomos abundantes. En suma, he aquí un camino claro y expedito a la solución, a la evitación segura de cualquier riesgo de degradación social y de caos. Pero, ¿por qué no le seguimos? Simplemente, porque no podemos. No es posible dejar de consumir a este ritmo, y es necesario consumir a un ritmo creciente. Es una necesidad del sistema financiero. Sin ese consumo creciente una masa que acabaría siendo mayoritaria se encontraría sin empleo y sin medios de subsistencia, y dado el modelo de deuda y de propiedad privada que tenemos sin una total subversión del orden imperante, sin una revolución en la que la gente tomase por la fuerza las propiedades y el poder, el destino de toda esa gente es el de agonizar y morir. Puede parecer estúpido, pero de hecho es algo repetido en la historia de la Humanidad: Jared Diamond lo comenta en su libro “Colapso: por qué algunas sociedades deciden fracasar y otras tienen éxito”. Sabemos de 26 civilizaciones antiguas que colapsaron porque no fueron capaces de encontrar un modelo alternativo a la gestión de sus recursos, en algunos casos por falta de imaginación, por estar demasiados atrapados en su Bussines As Usual, su BAU; perecieron por la disminución de los recursos disponibles pero no por la falta de recursos propiamente dichos. Un caso paradigmático es el de los Mayas en Yucatán, que se lanzaron a una serie de guerras de dominio sin tener suficientes recursos para sostenerlas (fundamentalmente maíz en su caso), y al final colapsaron hasta desaparecer de aquellas tierras aunque el territorio aún era capaz de soportar una población semejante a la que colapsó. Y es que en la guerra se gastó todo el maíz y se destruyeron algunas obras de irrigación fundamentales para mantener una buena productividad, y los combatientes no pudieron aguantar hasta la siguiente, y más exigua, cosecha. ¿Se parece nuestra situación a la de los mayas? Veamos algunos ejemplos ilustrativos.

En una reciente conferencia en Barbastro, un defensor de las soluciones de base sólo tecnológica a nuestro problema de sostenibilidad comentó que en España cada persona consume en media 20 kilos de ropa al año. Una cantidad que consideró desmesurada, y si en vez de dedicarle tantos recursos materiales y energéticos a esa producción, un gasto bien frívolo, se destinasen a preparar la transición todo sería mucho más fácil. Sin embargo, el proponente de esta idea (similar, todo sea dicho de paso, a otras que centran sus críticas en otra actividades mas o menos crematísticas que son norma en nuestra sociedad) no caía en la cuenta de que si de golpe y porrazo en España se pasase de consumir 20 kilos de ropa por persona y año a, pongamos, un solo y frugal kilo, nos encontraríamos que el 95% de la producción actual de las compañías textiles que operan en nuestro países tendría que desaparecer. Qué liberación de recursos, pensarán Vds., pero eso seguramente implicaría la quiebra y desaparición del 95% de estas empresas (bueno, de su negocio en España) y el 95% de sus empleados se irían a la calle. Además, también se irían a la calle el 95% de los empleados del sector logístico especializado en la distribución del textil. Tendrían por supuesto que cerrar el 95% de las tiendas de ropa y las secciones de confección de los grandes almacenes  se reducirían en un 95%. Ésto sería sólo el impacto directo de esa caída del consumo, pero después se ha de contabilizar el indirecto: ese 95%, o más, de disminución de impuestos que cobraría el Estado de los sectores afectados; esa pérdida de clientes de los bares que están en las calles comerciales, esa disminución de la venta de otros bienes y servicios debido al ingreso en la lista de parados de todos esos contingentes; los cuales, además, supondrán un coste extra al Estado, que aparte de disminuir ingresos aumenta así gastos y por tanto tiene que recortar de otras actividades, generando más paro y más contracción económica en los sectores auxiliares afectados. En fin, es obvio que tal cambio no se puede hacer de la noche a la mañana, so pena de causar un daño mayor. Esencialmente, nuestro sistema económico es un obeso mórbido con la tensión altísima cuya vida corre peligro pero al que no se puede hacer adelgazar demasiado rápidamente so pena de inducirle tales descompensaciones que igualmente lo mataríamos. Así que lo tenemos que adelgazar poco a poco, mientras vamos desinflando los gastos superfluos y vamos invirtiendo en los esenciales. ¿Y cuáles son los esenciales, dirán Vds.? Bueno, invertir en renovables, invertir en huertos… El problema es que no pueden esperar que ese cambio suceda espontáneamente; ya explicamos aquí que a partir de un cierto punto invertir en renovables no es rentable con los criterios económicos estándar, y que de hecho las renovables no pueden resolver la crisis energética tal y como se está planteando su implantación. Como no se puede obligar a los inversores a gastar su dinero en algo que ahora mismo no perciben como rentable, y el Estado no tiene dinero ni para subvencionar el despliegue (no digamos ya financiarlo), el hecho es que no se va a financiar las actividades fundamentales para el cambio de modelo productivo, económico y social. Y para cuando sea evidente que es necesario hacerlo el nivel de degradación del mercado será tan acusado que faltará capital y faltarán algunos suministros básicos, con lo que será una tarea ardua y penosa, si no directamente imposible.

Seamos francos: no hay una apuesta real por un cambio del sistema. Sí, se va invirtiendo algo en energías renovables, pero con criterios de rentabilidad clásicos. ¿Qué repiten los gestores de inversión sobre las renovables? Que han de mejorar tecnológicamente para que sus costes bajen y sean rentables. Y cuando dicen rentables no quieren decir que cubran gastos, no; lo que quieren decir es que han de tener tiempos de retorno de la inversión de unos pocos años y que la rentabilidad sea como mínimo del 5% anual. En suma, no se quiere jugar a otro juego que no sea el BAU de siempre, no se acepta que las reglas han cambiado, y se intenta forzar la Termodinámica para que las renovables renten en función de esas cifras que acabo de comentar. Pero la Termodinámica es muy tozuda…

¿Cuál es, por tanto, la realidad del patrón que se sigue? La de intentar aumentar el consumo, no de reducirlo. ¿Se acuerdan? Al principio de esta crisis se dijo que consumir es patriótico; lo dijo incluso Gordon Brown, entonces primer ministro del Reino Unido. Y es que sin aumento del consumo no hay crecimiento económico, y sin crecimiento económico no se pueden pagar las deudas. ¿Y qué creen que pasará ahora que estamos entrando en una nueva ola recesiva? Pues que con más problemas de deudas que no podemos pagar poco o nada vamos a pensar en desmantelar actividades más o menos rentables por otras que lo son mucho menos, y encima con la deuda a cuestas. ¿Saben cuántas veces he oído que con esta crisis que tenemos no es momento de hacer inversiones en energías verdes, que eso después, cuando se supere la crisis? No se les puede culpar, es lógico, no son rentables. Cuando se supere la crisis, dicen, cuando acabe esta crisis que no acabará nunca. Así es fácil de entender que yo crea que de esta espiral de degradación económica sólo se pueda salir mediante una explosión social, mediante una revolución. Alternativamente, mediante el colapso.

Los límites físicos y tecnológicos de la energía eólica

Aparte tenemos que contar otros dos puntos importantes; ¿cómo pretendemos sustituir el petróleo con máquinas fabricadas, instaladas y mantenidas con ese mismo petróleo? y el nada despreciable aspecto de que el petróleo se usa para producir alimentos, y sin electricidad se puede vivir, pero sin comida…

Fuente: Crisis energética

Presentamos a nuestros lectores el resumen de un artículo científico escrito por Carlos de Castro, Margarita Mediavilla, Luis Javier de Miguel y Fernando Frechoso de la Universidad de Valladolid, acerca de los límites fisico-tecnológicos de la energía eólica: De Castro C. et al. 2011. Global wind power potential: physical and technological limits. Energy Policy. Doi:10.1016/j-enpol.2011.06.027

Este resumen ha sido confeccionado por los propios autores y se reproduce a continuación:

La mayoría de los trabajos previos publicados sobre el potencial de la energía eólica han utilizado metodologías bottom-up (de abajo a arriba). La idea es medir la velocidad de los vientos en miles de estaciones repartidas a lo largo del mundo. Con las estadísticas de estas velocidades se evalúa luego qué sitios son accesibles a los molinos y qué energía se podría extraer de ellos. Este es el llamado potencial tecnológico de la energía eólica.

A partir de él, otros autores han evaluado el potencial económico y/o sostenible, restringiendo el potencial tecnológico en virtud de barreras económicas y/o de criterios ecológicos, por ejemplo, no poner parques eólicos en parques naturales, o en sitios en los que económicamente no sean suficientemente rentables. Otros estudios añaden además restricciones temporales, en escenarios que se consideran realistas y posibles mediante las políticas adecuadas. Los resultados de estos estudios varían bastante, pero en los estudios más recientes podríamos hablar de una orquilla de 50-100 TW para el potencial tecnológico y de una orquilla factible tras las restricciones económicas, sostenibles y políticas de 1-7TW para antes del 2050. Por ejemplo, un escenario que mantuviera el crecimiento actual de la instalación de parques eólicos, nos llevaría a superar los 4TW de producción eléctrica para el año 2030.

En conclusión, la energía eólica parecía la fuente renovable ideal, y candidata principal, hacia una transición renovable factible y asequible desde las energías fósiles y nuclear, mitigando además los efectos del cambio climático.

Sin embargo, todos estos estudios tienen un fallo fundamental, resulta que las metodologías bottom-up ¡violan el principio de conservación de la energía! En realidad, desprecian la extracción de la energía cinética del viento que suponen los molinos eólicos lo que por encima del TW es un error grueso.

Así pues, nuestro estudio parte de la ley de la conservación de la energía (la potencia que se disipa en los vientos del mundo es aproximadamente constante). Tomamos estudios sobre la cantidad de esa energía total de todos los vientos en toda la atmósfera, para concluir que es de unos P0 = 1200TW. Calculamos cuanta de esa energía se disipa en los primeros 200 metros (la accesible a los molinos), unos 100 TW. Es obvio pues que no podemos extraer toda la energía eólica de todos los vientos del mundo, así que todos los estudios anteriores (decenas) están mal.

Pero nos son útiles para los cálculos de cual es el potencial técnico, porque excluyen zonas de baja velocidad, muy alejadas (el océano profundo, la Antártida –que por cierto es el continente más ventoso), etc.

No sería accesible razonablemente más del 80% de esos 100TW, pero es que además, resulta que de un frente de viento de 200 metros de altura, más de la mitad de su energía nunca pasa por la zona de las aspas, además más de la mitad de la energía cinética que sí interactúa con los molinos no se transforma en electricidad neta, además los molinos hay que espaciarlos para evitar sombras y que baje el rendimiento del parque mucho, etc., total que cualquiera que haga sus propios cálculos llegará a la conclusión de que nunca llegaremos a transformar en electricidad ni el 1% de esos 100 TW. Conclusión: el límite técnico es 1TW, a partir de ahí viene el límite económico-ecológico y demás, siempre menor.

En nuestro estudio los factores de reducción que hemos empleado han sido:

  1. La energía de la capa más baja de la atmósfera, f1, P0(h<200) = f1·P0
    En los 200 primeros metros se disipa alrededor de 100 TW. Aunque los 200 primeros metros suponen sólo el 2% de la atmósfera, en ellos se disipan aproximadamente 4 veces más energía que en capas más altas (hay más rozamiento), es decir aproximadamente el 8% de 1200TW.
  2. Áreas accesibles de la Tierra (restricción geográfica), f2. PG = f1·f2·P0
    Consideramos que las zonas oceánicas con profundidades de más de 200 metros, permanentemente cubiertas de hielos (e.g. Antártida), altas montañas, ciudades etc. No son accesibles a los molinos, esto excluye más del 75% de la superficie del planeta. Pero además, es en estas áreas donde la potencia disipada del viento es mayor porque los vientos llevan en el mar y en la Antártida mucha más velocidad que en la superficie terrestre. Esto significa que f2 < 0,2, es decir menos del 20% de la energía cinética se disipa en zonas accesibles donde podríamos poner los molinos eólicos.
  3. Porcentaje de la energía de un frente de viento que interactúa con los molinos, f3
    Puesto que los molinos eólicos se sitúan en parques, para evitar sombras y evitar una disminución del rendimiento de los molinos (wake effect) se espacian estos. Este espaciado y el hecho de que el giro de las palas es un círculo sobre un rectángulo de 200 metros de alto, significa que menos del 30% de las moléculas en movimiento de un frente de viento que atraviesa un parque tiene la oportunidad de interactuar con los molinos. f3 < 0,3.
  4. Áreas accesibles con potencial eólico razonable, f4
    Incluso en áreas accesibles a los molinos, es razonable que no pondremos parques en zonas de bajas velocidades de viento. Los expertos clasifican las zonas del 1 al 6, siendo 5 o 6 las preferidas para nuestros parques (un parque situado en una zona 6 necesita la mitad de molinos para producir la misma electricidad que si se situara en uno de clase 3). Nosotros suponemos, como hacen otros autores, que en el futuro utilizaríamos zonas de clase 3 o superior (aunque salga mucho más cara la electricidad producida en los parques de clase 3 que los de clase 6). Según los estudios, la mayor parte de las zonas accesibles son de clase 1 y 2 y llevan aproximadamente la mitad de toda la energía, es decir, que f4 ~ 0,5.
  5. Porcentaje de las velocidades de vientos que son utilizables para producir electricidad en zonas de potencial eólico razonable (no demasiada poca o mucha velocidad para extraer energía), f5
    Los molinos eólicos se diseñan para producir electricidad en un régimen de velocidades dado, con demasiada velocidad de viento se paran para evitar fallos y roturas (y desperdician así los momentos de más potencia instantánea cinética del año) y con demasiada poca velocidad tampoco funcionan. Además, dan una potencia constante a partir de una cierta velocidad, sin aprovechar todo el potencial que lleva el viento. En los molinos actuales se desperdicia así más de la mitad de la energía que los atraviesa al cabo del año. Nosotros suponemos que mejoras futuras en el diseño elevarán f5 a 0,75.
  6. Eficiencia de la conversión de la energía cinética en energía eléctrica en los molinos, f6
    Por último, existen límites físicos en el diseño de los molinos y su capacidad de transformar la energía del viento en energía mecánica en el rotor. La física (ley de Betz) dice que no podemos llegar al 59% de eficiencia. Pero además, el propio rotor, la conversión a electricidad, los transformadores, las paradas por mantenimiento, etc. generan pérdidas, haciendo que no lleguemos ni mucho menos al 50% de eficiencia en los molinos actuales. Suponemos nosotros que la tecnología mejorará y se acercará al límite teórico de tal forma que f6 ~0,5.

El resultado con los datos anteriores es que el potencial técnico sería: PT = f1·f2·f3·f4·f5·f6·P0 ~1TWe

Por supuesto el límite accesible será menor si decidimos que no ponemos parques en zonas de viento de clase 3 porque resulta muy caro, o si no destinamos el suficiente capital en I+D para aproximarnos al límite de Betz o al diseño de molinos capaces de producir electricidad en orquillas más altas de velocidades… Y pueden existir otros límites no considerados aquí, como la escasez de neodimio para imanes permanentes de altas prestaciones que hagan subir los precios de la electricidad eólica o que se busquen motores y bobinados más baratos pero menos eficientes…

Más bien pronto que tarde, unos parques eólicos interactuarán con otros (tragedia de los comunes) y si en España, por ejemplo, se tratara de estrujar al máximo sus vientos, resulta que en Francia y Alemania sus parques comenzarían a rendir menos, porque los vientos españoles resulta que son muchas veces los mismos que terminan soplando en Francia (la misma molécula que pasó al lado del Prado puede terminar absorbida en el Louvre antes de acabar el día).

El potencial eólico pues se ha sobrestimado en uno o dos órdenes de magnitud, nuestros resultados hacen que, de ser vista como la posible panacea, la energía eólica no superará nunca el 10% del consumo que hoy tenemos de energía fósil.

Bibliografía básica:

Archer C. L., M. Z. Jacobson, 2005. Evaluation of global wind power. Journal of Geophysical Research, vol. 110, D12110. doi:10.1029/2004JD005462

Capps S.B., C.S. Zender, 2010. The estimated global ocean wind power potential from QuickScat observations, accounting for turbine characteristics and sitting. Journal of Geophysical Research. Vol 115, D01101, 13PP, doi:10.1029/2009JD012679

Estos dos artículos utilizan las metodologías clásicas.

Peixoto, J. P., Oort, A. H., 1992. Physics of climate. American Institute of Physics, 1, 379–385, 1992. 109

Sorensen, B., 2004. Renewable energy: its physics, engineering use, environment impacts, economy and planning aspects. Elsevier Acad. Press.

Estos dos proporcionan datos sobre el total de energía cinética disipada en la atmósfera, energía de la que partimos nosotros para nuestra estimación top-down

http://www.crisisenergetica.org/article.php?story=2011083116270061

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Miguel Schiaffino Tienda