Opciones de futuro

A las personas no nos gusta la idea, de no tener en ciertas ocasiones el control de nuestro destino. Nos rebelamos contra del determinismo, porque tenemos miedo a pensar que simplemente somos parte de un sistema superior a nosotros. La parte positiva es que al estar limitados, podemos conformar un futuro en función de estas limitaciones dentro de ese mismo sistema.

Todavía se pueden encontrar ejemplos de culturas que viven felizmente en equilibrio con el entorno, con lo que su mera existencia sirve de demostración que los seres humanos no estamos destinados a la destrucción o extinción. Solamente cuando la civilización eligió la agricultura el colapso se convirtió en inevitable, pero fue una decisión y como tal se podría elegir otro destino. Una y otra vez, a lo largo de la historia el ser humano ha intentado engañar a la muerte, ya fuesen los emperadores egipcios con las pirámides, el primer emperador de China[1] con la búsqueda del elixir de la vida eterna o en la actualidad la sociedad en su conjunto con las promesas de la ingeniería genética; el deseo explícito de ser eternos (tomar y no dar).

Si vemos a la tierra hoy en día, comprobamos que la civilización ha tratado al entorno de la misma manera, como un “recurso” esperando a ser explotado y cuidándola como un acto de caridad, no como principio básico. Incluso en la muerte evitamos devolver nuestros cuerpos al ciclo natural de la tierra, los quemamos o sellamos para evitar que esto ocurra.

Pero los ciclos de la vida no se pueden retrasar indefinidamente, y cuanto más retrasemos ese momento, peor serán las consecuencias, siendo el colapso un ejemplo claro de estas consecuencias, derivadas en sus inicios por crear un sistema que sobrepasase la capacidad de carga de un entorno. Ahora que el colapso ha empezado la elección está en nuestras manos, si continuamos con el método que nos ha llevado a este punto, o comenzamos a crear una nueva cultura, que fomente la diversidad y el equilibrio con la naturaleza.

En este contexto, la primera realidad que tenemos que afrontar es que no podemos alcanzar la verdadera interdependencia sin antes haber alcanzado la independencia. Para ello podemos intentar imitar a la naturaleza y poner en marcha tres principios básicos.

Economizar recursos es una de las mejores maneras de imitar a la naturaleza (61) a corto plazo. Una forma de hacerlo, es implementar un conjunto de actuaciones actualmente disponibles consistentes en; reducir, realimentar, reusar, reciclar y sustituir.

Reducir es la más fácil de las tácticas y la más efectiva; una que no requiere ninguna energía. Simplemente, si no puede permitirse algo, no lo compre. Esto es, no solo a la hora de comprarlo materialmente, también teniendo en cuenta el mantenimiento que puede llevar el objeto en cuestión. El proceso cambiaria en términos económicos base industrial por base social e individual y no podría mantener el nivel tecnológico que se ha alcanzado en la actualidad.

Realimentar significa cerrar los ciclos productivos de las empresas, procurando que las salidas o desechos de unas sean las entradas de otras. Esto requiere que los productos y procesos sean diseñados a conciencia para tal fin, pero no significa que esta tarea suponga un lastre, todo lo contrario.

Reusar implica hacer productos duraderos que puedan ser reparados y puestos en servicio nuevamente. Reusar consume pequeñas cantidades de energía, pero son menores al reciclaje, puesto que no es necesario volver a fabricar el producto. Muchas empresas piensan que este tipo de estrategia va en contra de sus resultados, por eso impera hoy en día lo que se ha venido a llamar obsolescencia programada[2]. Igualmente la industria ha condicionado al consumidor a lo largo del tiempo a pensar que reusar, es sinónimo de pobreza.

Reciclar es la menos efectiva de las estrategias, porque implica recuperar el material y procesarlo para que esté listo para volver a usarse como entrada de otro proceso. Esta es opción es de las más publicitadas, ya que no implica que se reduzca el consumo, el reciclado en sí mismo se convierte en otra industria y hace que el consumidor no se sienta tan culpable por sus hábitos consumistas.

Sustituir es la más utilizada en la actualidad. El principio de funcionamiento, es ir sustituyendo aquellos elementos que se están agotando por otros más abundantes. Dos de los ejemplos más conocidos son; sustituir el cobre por el aluminio y el mercurio por aceites sintéticos, El problema que no logra resolver, es que la sustitución requiere normalmente bastante energía[3], y como ese es el problema que realmente tenemos, la sustitución parece una solución cortoplacista.

Hay que comprender que estos puntos son tácticas, no estrategias a largo plazo, es por ello que tarde o temprano la naturaleza encontrará su equilibrio. Por eso el primer principio de futuro es obtener una mínima auto-suficiencia, consistente en la habilidad para poder conseguir todas aquellas cosas imprescindibles para nuestra vida; agua, comida, seguridad, atención médica, etc. Esto no significa el aislamiento, significa que para poder pasar al segundo paso se tendrían que tener estos puntos cubiertos primero. Este principio da poder al individuo y evidentemente a la unión de los mismos.

El segundo principio es que la interacción de las personas independientes se tendría que dar a nivel de transporte sostenible y presencial. En muchos lugares se sigue haciendo en forma de ferias, festivales, encuentros, etc.

El tercer principio es la creación de instituciones que fortalezcan la independencia del individuo. Un ejemplo a nivel educativo sería la enseñanza de los principios de la auto-suficiencia, la descentralización y las desventajas de la jerarquía. Otro ejemplo a nivel de seguridad, es la modalidad defensiva del ejército suizo en el que cada persona cuenta con un arma en su casa, proporcionada por el estado.

Estos principios no son utópicos, son perfectamente realizables a todos los niveles. Depende claro está, de las capacidades de cada individuo, pero la conciencia y puesta en marcha de ellos es lo importante. Este es el principal punto flojo de la jerarquía; solo puede funcionar mientras la mayoría ignoren estos principios.

En el aspecto social, nos encontramos en tiempos difíciles, pero lo más preocupante es que seguramente empeorarán de forma continuada durante bastante tiempo. Eso no significa que tengamos que sumirnos en un estado de miedo y desesperanza, todo lo contrario, hay muchas cosas que se pueden hacer, pero siempre teniendo en cuenta el escenario general en donde desarrollaremos nuestra estrategia a largo plazo y la táctica operativa a corto.

Por diseño u omisión, lo cierto en que a nivel social y personal, nos veremos obligados a centrarnos en las consecuencias del proceso histórico de agotamiento de los recursos, desarrollado a nivel global en la actualidad y comprender que nuestra futura libertad corresponderá al tiempo que transcurra entre estas consecuencias y nuestra respuesta; las puertas del cielo se encuentran abiertas para todos aquellos que deseen pasar por ellas y crear el futuro.


[3] Por ejemplo se necesita 50MJ para obtener un kilo de cobre y 120MJ para uno de aluminio.

La simplificación y las pequeñas cosas

Hablar de colapso normalmente tiene connotaciones negativas, porque este siempre representa eventos que normalmente conllevan reducciones drásticas de la población y la pérdida de tesoros culturales de incalculable valor. Pero este tipo de sentimientos personales, oscurecen el raciocinio e impiden realizar un análisis de los hechos históricos y de las tendencias generales. Incluso en los sectores profesionales como la arqueología y los historiadores han evitado periodos como la edad media, puesto que en esa época se perdieron muchos datos y esto hace que sus museos y libros sean más difíciles de llenar.

Las sociedades complejas[1] son un fenómeno relativamente reciente en la historia de la humanidad. En términos cuantitativos, comparando los aproximadamente 200.000 años que tiene el hombre moderno[2], con los 8.000 años de estas sociedades, tenemos que sólo el 4% del tiempo, lo hemos pasado como especies en sociedad. Hay que entender que el colapso[3] no es lo mismo que una catástrofe[4]. Lo primero siempre hace referencia al sistema y puede darse en un periodo de tiempo relativamente amplio, mientras que lo segundo es un evento puntual, un suceso.

En el sentido que el colapso se debe a unos retornos marginales inferiores, es un proceso economizador, porque supone la vuelta a unos niveles de vida soportables. Este fenómeno sigue su curso hasta que la complejidad disminuye y la sociedad consigue encontrar un nuevo equilibrio, normalmente en unidades geográficas de menor tamaño que son más fáciles de mantener.

Es posible que el principal problema se encuentre en la rapidez y en la escala de la transición. Si vamos rápidamente dirigidos a una sociedad con una población equivalente a la que existía antes de la agricultura[5], los cambios que tendría que afrontar la humanidad se hacen prácticamente imposibles de imaginar. Por el contrario si el proceso se desarrolla durante centurias será relativamente más llevadero.

Que la sociedad moderna este en camino al colapso no significa necesariamente, que los humanos tengamos que desaparecer. Aquellos que tengan una alta dependencia del sistema perecerán con él y aquellos que sean capaces de adaptarse, ya sea como cazadores-recolectores o formando pequeñas comunidades, tendrán mayores posibilidades de salir adelante. Cuando hablamos de pequeñas nos referimos al número personas que la componen[6].

En el caso de un descenso rápido hacia el colapso, de manera que no se pueda ajustar la población mediante una reducción de la natalidad, la causa principal de muertes será la falta de alimentos, que derivará en guerras y enfermedades. Antes de este punto las naciones lucharán por conseguir los recursos que necesitan, invadiendo[7] para ello a otros países.

Como esperanza, conocemos de la existencia de pequeñas comunidades que eligen separase del sistema imperante y vivir de una manera más sostenible[8]. La selección natural eliminará aquellas civilizaciones complejas, porque no son sostenibles, pero posiblemente deje a estas pequeñas comunidades sobrevivir.

Las personas y sociedades tendrán que elegir, entre vivir en sociedades complejas hasta su fin o intentar ejecutar alternativas que se adapten al nuevo entorno. Actualmente parece que el camino elegido es perpetuar el sistema actual[9], incluso conociendo la existencia y viabilidad de las alternativas.  Un ejemplo de esta situación se dio en el hundimiento del barco RMS Titanic; cuando su destino era ya por todos los pasajeros conocido, los músicos optaron por seguir en la cubierta tocando música, en vez de luchar por acceder a embarcar en alguno de los pocos botes salvavidas.

El colapso es la representación de la selección natural a una gran escala. Tenemos el deber como seres humanos de intentar cambiarnos a nosotros mismos, intentando hacer comprender al mayor número de personas la realidad en la cual cada vez estamos más inmersos, y de esta manera intentar construir con ellos pequeños comunidades que naveguen por los duros tiempos venideros.


[1] Entendiendo como tales aquellas que al menos usan la agricultura.

[3] Destrucción, ruina de una institución, sistema, estructura. RAE.

[4] Suceso infausto que altera gravemente el orden regular de las cosas.

[6] Las Islas Canarias son un lugar pequeño pero no precisamente sostenibles.

[8] Un claro ejemplo son los Amish ; http://es.wikipedia.org/wiki/Amish

Escenario general

El futuro está por escribirse, pero la inercia descrita en los argumentos generales marca bastante las probabilidades de cada camino. Evidentemente no vivimos en un mundo perfecto y lo aquí expuesto no se presentará como cierto en su totalidad, más bien un grado de mutación que dependerá de muchos otros factores. Podemos entender que el agotamiento del capital principal, los hidrocarburos puede tener una tendencia rápida o lenta.

Un declive lento asume que el único factor que puede afectar a la oferta energética es la geología, ya que los avances tecnológicos permitirían mantener la tasa de decrecimiento esperada. Un declive rápido supone que otros factores adversos, aparte de la geología, pueden afectar a la oferta energética, como son la tasa de retorno energético, los mercados ineficientes, la estabilidad política y la estabilidad financiera. La economía como conjunto, necesita de fuentes energéticas cuyas tasas de retorno energético sean superiores a uno para poder ser usada como tales y en la práctica debería ser bastante superior a uno, puesto que se requiere mantener unas crecientes infraestructuras en estado funcional y tener en cuenta las futuras amortizaciones (reposiciones).

A mayor carga estructural de cada economía se necesitarán mayores tasas de retorno. Incluso si existe una gran cantidad de hidrocarburos restantes, mientras estos se acerquen a una tasa de retorno cercana al punto en el que no cubran el mantenimiento de las infraestructuras, los precios tenderán a ser altos, con lo que no se tendrán incentivos para su compra y a los productores para extraer esas fuentes, ya que no tendrán compradores.

Como infraestructura entendemos también a los estilos de vida, el coste de generar la electricidad, los impuestos, el coste de la alimentación y cualquier otro factor que soporte a la economía. Una consecuencia de las necesidad de mantener la infraestructura, es la mayor probabilidad de que la falta de demanda afecte más a los países avanzados; a medida que la población no puede competir por la asignación de energía asignada al mantenimiento de la infraestructura, su demanda disminuirá.

A nivel económico, el agotamiento del modelo ocasionará  turbulencias grandes, que se podrán dar en escenarios de inflación y deflación, tanto por separado, como de forma conjunta. Una huida general hacia bienes considerados como seguros será previsible mientras las organizaciones intentan mantener el control y sus beneficios[1].

A medio plazo se intentará implementar una nueva moneda mundial[2], dilatando el innecesario sufrimiento poblacional, esta vez a escala global y a largo plazo, debido a la irrealidad de la importación de fuentes energéticas de otros planetas, se tendrá que afrontar irremediablemente el decrecimiento, de una manera u otra. Hasta ahora nos hemos centrado en el agotamiento del capital más importante e internacionalizado de todos, los hidrocarburos, porque el punto principal a tener en cuenta es que son ellos los que permiten que se mantenga una infraestructura operativa a nivel global.

Igualmente, los usos de diferentes vectores energéticos están estrechamente unidos. El petróleo es fundamentalmente un combustible de transporte, pero su demanda se puede vincular a la producción económica desde un aspecto más amplio. Incluso lo contrario es cierto; una reducción forzada en el uso del petróleo, llevaría a una reducción amplia en el uso de la electricidad y calefacción. También está vinculado a la propia producción energética; el petróleo se utiliza para transportar carburante.

El agua, bien fundamental, utilizada para el consumo humano, industrial y agrícola, depende altamente de los procesos industriales para hacer las máquinas que la distribuyen y también mover a las mismas (bombas de agua y ósmosis). El coste de las restantes formas de extraer energía, tales como las energías renovables o la nuclear, subirá considerablemente, puesto que en cada uno de los pasos necesarios para su operatividad (investigarlas, realizarlas, implementarlas y repararlas) hacen falta hidrocarburos, y posiblemente ocurra que la oferta de hidrocarburos supere durante bastante tiempo la demanda, sin que esta la pueda alcanzar por los altos costes de extracción, procesado y distribución, que en la mayoría de los casos se encuentran al límite del desarrollo tecnológico. Esto llevará a que muchas grandes fábricas entren en el efecto contrario de las economías de escala, en las que los elevados costes de funcionamiento no puedan ser cubiertos por los bajos volúmenes de producción.

Cuando observamos estos condicionantes en su conjunto, podemos comprobar que simplemente son una consecuencia de encontrarnos en un planeta finito, en el que parece ser, que hemos llegado a los límites de la capacidad de la tierra para soportar el crecimiento. Incluso si esos límites se alcanzan dentro de décadas o centurias, continúa siendo un problema moral la continuación del crecimiento en un planeta finito, ya que simplemente estaríamos postergando el problema a las siguientes generaciones[3]. El crecimiento no puede continuar indefinidamente en un planeta finito. Intentamos enfatizar este punto porque tendemos como especie, a no darle toda su importancia; la base de nuestra civilización es fundamentalmente insostenible. Nuestra civilización parece tener una adicción a ir encontrando parches a esta situación.

Esto también es problemático, porque a medida que inflamos esta burbuja más allá de los límites de la sostenibilidad, la caída tendrá que ser mayor para en su momento poder ajustarnos a un planeta sostenible. Los costes ocultos de esta civilización[4], son las serias dudas que existen, de que este planeta pueda soportar a largo plazo la población actual que tiene, pero como optar por una solución que suponga la muerte de millones para regresar a nivel sostenible es inadmisible a nivel político, la vía en la que nos encontramos actualmente es dejar pasar el tiempo, incrementando el problema.

Es un problema que tiene que ser afrontado si no queremos seguir sufriendo sus consecuencias a corto plazo y una catástrofe brutal a largo plazo. No podrá resolverse a través de una nueva tecnología (fusión, biocombustibles, paneles solares, ingeniería genética, nano-tecnología, etc.) que lo único que haga es posponer lo inevitable en un mundo finito. ¿Es una unión a nivel mundial la solución al problema?, difícilmente, puesto que sus partes constituyentes continuaran compitiendo para crecer.

El colapso no se puede plantear como solución, puesto que es una circunstancia, no un problema, llegando por sus propios medios y no resolviendo de raíz las causas del crecimiento. Tampoco la extinción es una solución, al menos desde la perspectiva humana


[2] Actualmente el nombre provisional es de SDR (http://en.wikipedia.org/wiki/Special_Drawing_Rights) igual que el nombre provisional del euro fue el ecu.

[3] ¿Es necesario que lleguemos al 2050 para necesitar de dos planetas como este?. Ver; http://www.guardian.co.uk/uk/2002/jul/07/research.waste

[4] En inglés, el “elefante en la habitación”. Ver; http://en.wikipedia.org/wiki/Elephant_in_the_room

El cenit del petróleo y la tecnología

La ley de conservación de la energía nos dice que, la cantidad total de energía de un sistema aislado se mantiene constante en el tiempo, de ello se deriva que la energía no puede ser creada ni destruida, solamente transformada en otro estado.

Los combustibles fósiles como el carbón, petróleo y el gas natural están formados de materia orgánica comprimida a los largo de muchísimos años. Son la energía del sol concentrada[1] y se pueden convertir en energía de manera muy eficiente. Pero al no ser infinitos y agotarse, como un barril de petróleo siempre contendrá la misma energía, al repartir los costes de extracción entre una menor cantidad, tendremos también unos retornos decrecientes.

Antes del cenit del petróleo, existieron sustitutos a las diferentes fuentes de energía que se agotaron, como cuando el carbón sustituyó la tala masiva de árboles y el petróleo a su vez al carbón. El mercado intentará adaptarse a la nueva situación de altos precios derivados de pasar el máximo de extracción, el problema es que no tendrá la manera de hacerlo, puesto no se conoce ningún sustituto al mismo.

Otro problema importante, es que toda la producción agraria mundial depende de los hidrocarburos, es por eso que los precios de los alimentos estén totalmente vinculados a los del petróleo. La producción de alimentos requiere, no solo de tractores de campo, también necesita abonos y fertilizantes basados en hidrocarburos, necesita de empaquetados de plástico, refrigerado con electricidad generada con hidrocarburos y transporte que también usa petróleo.

Si el cénit del petróleo fuera el único problema importante que encara la humanidad, quizás podríamos haber resuelto sus problemas si se hubiesen implementado soluciones hace décadas, pero como no ha sido el caso sufriremos sus consecuencias, sin olvidar que las caídas siempre son más rápidas que las subidas[2]. Es así que sociedades que una vez fueron muy poderosas puedan colapsar de manera rápida[3].

Cada vez que a la sociedad se le presenta la argumentación de los retornos decrecientes, responden que son problemas técnicos, solucionables con dosis adicionales de tecnología. Las energías “renovables”[4] son un claro ejemplo de ello. Muchas personas plantean futuras eco-utopías[5], donde la tecnología resolverá todos nuestros problemas, pero esta esperanza está basada en creencias mal fundamentadas, no en realidades.

Como seres humanos nos distinguimos de los animales por nuestro uso de las herramientas. La creación de la tecnología de la piedra contribuyó al lenguaje y al aumento de la capacidad craneal. Con el paso del tiempo los propios humanos se vieron afectados por la tecnología que ellos mismos crearon, es por ello, que rechazar a la tecnología conlleva rechazarnos a nosotros mismos (pero eso no implica que puedan existir ciertos niveles sostenibles tecnológicos).

Desde el renacimiento, la mayor parte del pensamiento tecnológico ha sido uno basado en la concepción del progreso ilimitado, lo cual es incorrecto, puesto que la tecnología es algo tangible que requiere de energía para poder nacer y desarrollarse como tal. Muchos piensan que la tecnología podrá solucionar también nuestros problemas medioambientales, pero la realidad es que normalmente ocurre todo lo contrario. Algunas tecnologías nuevas son exitosas y otras no. Las que lo son, normalmente tardan décadas en desarrollarse e implementarse ampliamente (electricidad, aviones, televisión, iluminación, etc.) y resuelvan o no los problemas para las cuales fueron creadas, en si misma ocasionan un conjunto nuevo de problemas (pensemos en los accidentes de tráfico o la resistencia a los antibióticos). Al igual que en la salud, normalmente las soluciones tecnológicas a problemas ambientales son mucho más costosas que simples medidas preventivas (por ejemplo el caso del barco petrolero Prestige).

La mayoría de los avances tecnológicos son simples herramientas, que pueden tener usos positivos o negativos y hay que tener en cuenta que muchos de nuestros problemas actuales están causados por consecuencias inesperadas de los efectos secundarios de estas tecnologías. Estas consecuencias pueden ser buenas (p.ej; vacuna contra el polio), malas (bomba atómica) o indiferentes (tejidos avanzados).

Otra consecuencia inesperada del uso de la tecnología es lo que se viene a conocer como la Paradoja de Jevons, la cual dice que cualquier tecnología que permita el uso más eficiente de un recurso resultará en un uso mayor de ese recurso. Ejemplos pueden ser; el mayor uso de carbón en Inglaterra una vez se implementó el invento de Watt y por qué los vehículos más eficientes terminan por provocar un consumo total de combustible mayor (al permitir el nacimiento de los suburbios). Con esto vemos, que el uso de la tecnología muchas veces soluciona cierto tipo problemas pero también los transforma en un mayor consumo de otros recursos.

La única tecnología que ha considerado avanzar de forma continuada, sin alcanzar todavía el punto de los rendimientos decrecientes es la informática. Cada generación de aparatos, según las predicciones realizadas por uno de los fundadores de Intel, Gordon Moore, contaría con unas prestaciones mayores, porque se basan en la continua reducción de la circuitería electrónica que las constituye. Evidentemente es un proceso que no puede continuar de manera indefinida y también ya empezamos a encontramos que mucha parte de esas nuevas capacidades se destinan a fines no productivos.

Los avances tecnológicos se seguirán sucediendo, pero incluso la tecnología se topará con los límites de los rendimientos decrecientes y la misma no es una solución al aumento de la complejidad, al revés, la tecnología es uno de los campos más interconectados que existen en el mundo; un pequeño corte en el suministro afecta a múltiples componentes y productos.

La tecnología es parte del problema que encaramos, no porque en si misma sea mala, más bien por la acumulación de consecuencias inevitables de esas tecnologías (la Paradoja de Jevons es un claro ejemplo), que en el mejor de los casos pueden retrasar momentáneamente lo inevitable, pero a cambio de incrementar ese mismo problema que intenta evitar y para la cual fue creada. Evidentemente no podemos resolver un grave problema de complejidad aumentando aún más esa complejidad. Una solución técnica a un problema sistémico es imposible, solo se puede resolver el problema cambiando el sistema en sí mismo.


[1] El petróleo llegó a contar con una tasa de retorno energético cercana a 100.

[2] Sobre la tasa de agotamiento ver; http://www.theoildrum.com/story/2005/8/24/161535/296

[3] Un artículo del NY Times sobre el colapso escrito por Jared Diamond; http://www.nytimes.com/2005/01/01/opinion/01diamond.html

[4] Es incorrecto decir que una energía se renueva por las leyes fundamentales de la física.

[5] Por ejemplo el proyecto venus (http://www.thevenusproject.com/) , que nos hacen recordar inevitablemente a todas aquellas fantasías de futuro que nunca se llegaron a realizar (un web dedicado a tal asunto; http://www.paleofuture.com/)

Los problemas medioambientales pueden llevar al colapso

Un agotamiento de aquellos recursos naturales que necesita un cuerpo, deriva igualmente con el paso del tiempo, en la evidente extinción de quien consume en un primer lugar. Un punto a tener en cuenta es la concepción que tienen los humanos del entorno natural es errónea; se usa entorno significando fuera de ellos mismos. Tendemos a separar el mundo en cosas “naturales” y “artificiales” y pensamos en la “naturaleza” como todo aquello que se encuentra fuera del dominio humano, derivando en frases como “estar cerca de la naturaleza”. Esto no es cierto, las personas al igual que los animales estamos sujetos al mismo conjunto de reglas naturales que el resto de los seres vivos[1], dependiendo a su vez de otros animales y de las plantas que respiran el dióxido de carbono que nosotros expulsamos[2]. Viendo el conjunto de la situación y por el número de personas que existen en el planeta, parece que los seres humanos tenemos mucho más que perder por la pérdida de diversidad que estamos ocasionando, como cuando Seattle[3] dijo en 1855 ” La Tierra no pertenece al hombre. Él pertenece a la Tierra. Y todo lo que le hagamos a ella acabará repercutiendo en nosotros”[4] .

De aquí podemos comprender que es incorrecto separar conceptos como economía y entorno, porque realmente son la misma cosa; la naturaleza es en sí misma la economía perfecta donde todo se encuentra en equilibrio continuamente. Más bien, la primera es una representación limitada de ciertos aspectos de la segunda y por lo tanto no puede vivir sin ella. La ecología es un sistema complejo de dependencias, con una gran cantidad de solapes que a nuestra vista la hacen caótica, aunque realmente esto es así solo en la superficie. El deterioro natural normalmente es un indicativo del próximo colapso de un ente, pero no necesariamente tiene porque ser así, se puede colapsar por otros motivos. No afrontamos una serie de problemas ecológicos individuales, afrontamos una crisis con varios problemas interconectados, siendo uno de esos problemas la misma sociedad compleja en la que vivimos.

La inventiva humana, sin duda, nos sorprenderá[5] con avances tecnológicos que permitirán extraer un cada vez más de la naturaleza, pero en último término será la propia complejidad del sistema y no el agotamiento de sus recursos lo que acabará por deshacer la mejor de las esperanzas.


[1] Necesitamos comer, beber, respirar y reproducirnos.

[2] Y que ellas nos devuelven en forma de oxígeno.

[3] Cabecilla de los indios Suquamish.

[4] (68) Página 105.

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Miguel Schiaffino Tienda